Cantera

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La industria extractiva de roca industrial no produce desechos contaminantes ni vertidos peligrosos. Tanto en los trabajos de extracción, como en los que se llevan a cabo en las plantas de producción para la obtención de áridos, no se generan humos nocivos para la salud, ni residuos que pongan en peligro las aguas, pero se produce polvo y cambia el paisaje, por eso, todos los esfuerzos del sector en cuestión medioambiental van dirigidos a paliar estos dos problemas.

Las medidas para eliminar el polvo ya comienzan en el inicio del proceso de extracción, utilizando carros de perforación, hidráulicos o neumáticos, dotados de captadores de polvo. Después de la detonación, se riega toda la parte afectada y las pistas se mantienen, permanentemente, con un adecuado grado de humedad. Las plantas de tratamiento cuentan con pulverizadores de agua, que se activan cuando los camiones proceden a realizar la carga. Por otro lado, ningún camión puede salir del recinto sin pasar por la zona destinada a la limpieza de ruedas. Estas son algunas de las medidas correctivas que logran reducir el polvo casi en su totalidad.

La explotación de una cantera no se puede llevar a cabo sin obtener la Declaración de Impacto Ambiental favorable emitida por el Área de Evaluación Ambiental. Además, es imprescindible al inicio de la extracción la elaboración de un Plan de restauración del espacio natural afectado por las labores, tenerlo aprobado y depositar una fianza, actualizable anualmente, como garantía de que la actividad restauradora se llevará a cabo. Todas las empresas asociadas a AFAPA cumplen con estos requisitos y desarrollan permanentes actuaciones que van, incluso, por delante de lo exigido. El método denominado “restauración integrada” restablece las zonas ya explotadas, valiéndose de los movimientos de tierra originados por la extracción de áridos. En un año, a través de este sistema, se llegan a plantar hasta 20.000 árboles, en su mayoría especies autóctonas. Este método no devuelve la forma a la montaña, pero garantiza que el lugar donde hoy operan las máquinas, en un futuro, se convertirá en áreas que albergarán vida animal y vegetal.