La materia imprescindible

Afapa presenta: La materia imprescindible.

La piedra ha sido desde la prehistoria el material más importante para el desarrollo de la humanidad. El hombre primitivo se cobijaba del frío, la lluvia o el calor en cuevas, es decir; las primeras casas del ser humano eran de piedra, al igual que sus herramientas. Y esta materia, ha dado nombre a la parte más larga de la prehistoria; la edad de piedra.

Al principio la vida y los utensilios primitivos eran muy rudimentarios. Se dedicaban a la caza y se vestían con las pieles de sus presas. Vivían integrados en la naturaleza y todos los miembros del grupo trabajaban por la supervivencia común. Salvo esporádicas peleas individuales, arqueológicamente, no hay constancia de guerras entre grupos ni desigualdades sociales, debido a la baja densidad de población.

Los yacimientos encontrado indican, que es a finales del Paleolítico Superior cuando se produce un aumento de la población gracias a una dieta más rica, que incluía, además de la caza, la pesca y recolección de frutos.

En esta etapa los utensilios de piedra, se complementan con los de hueso, cuerno, marfil... Y hay indicios de expresiones culturales y espirituales.

El avance más significativo de la prehistoria llega con el Neolítico, donde surge la agricultura y la ganadería. Las nuevas tareas provocaron una mayor especialización, y la división del trabajo, conllevando diferencias sociales. Además se extendió la cerámica, facilitando la conservación y cocción de alimentos.

La aparición de nuevos materiales, al comenzar la edad de los metales, no resta importancia a la piedra. Aunque sí podríamos decir que adquiere otro rango, y es principalmente utilizada por las clases adineradas.

El final de la Prehistoria da paso a la Historia, y comenzamos a contarla partiendo de los primeros documentos escritos. En esta época se forman las primeras ciudades, se suceden, culturas e imperios y con ellos las grandes construcciones de piedra.

La piedra por su resistencia y noble envejecimiento nos ha facilitado el conocimientos de antiguas civilizaciones y el disfrute de legados artístico y arquitectónicos magníficos. Durante muchos siglos, por razones económicas y de tradición estuvo reservada para la construcción de grandes palacios y edificios religiosos o militares. Mientras, la mayor parte de la población vivía en casas hechas de materiales endebles y altamente inflamables.

Miles de siervos y esclavos cambiaron, manualmente, el paisaje extrayendo piedra. Aún hoy nos parece inconcebible cómo nuestros antepasados lograron construir estas grandes obras, careciendo de maquinaria para elevar, mover o transportar enormes bloques de piedra. En Europa, esta situación de esclavitud masiva, de grandes esfuerzos físicos y privilegios extremos se prolongó hasta la edad moderna. Reformas religiosas, importantes descubrimientos geográficos, resurgimiento del arte o la invención de la imprenta, son algunos de los principales fenómenos históricos asociados a la edad moderna.

Pero el gran acontecimiento llega con la Revolución Industrial, frecuentemente comparado con el de la revolución neolítica (6.000 años atrás), cuando el arado hizo posible el desarrollo de la agricultura. El impacto fue enorme, generó grandes cambios económicos y hondas transformaciones sociales. Se construyó la primera máquina de vapor para usos industriales proporcionando potencias inimaginables hasta el momento. y el primer ferrocarril para el transporte de pasajeros y mercancías.

De esta manera llega La edad contemporánea, marcada por el avance tecnológico constante y, desgraciadamente, por las mayores guerras conocidas en la historia de la humanidad. Hasta mediados del siglo pasado las máquinas eran amplificadores artificiales del trabajo muscular, las investigaciones a partir de esa época fueron dirigidas a imitar las pericias del cerebro. El progreso, comenzaba a anunciar el nacimiento de un nuevo problema para la humanidad; conseguir un equilibrio entre nuestras necesidades y las de la naturaleza.

En la actualidad, el problema ya se ha hecho grande. La población ha ido creciendo, y sus necesidades aumentando, a la par que la contaminación o el deterioro medioambiental. La industria extractiva no produce deshechos contaminantes ni vertidos peligrosos, pero arranca tierra al extraer la piedra que necesitamos para construir casas, carreteras, centros deportivos, parques, colegios, hospitales, vías de tren, depurar las aguas, fabricar papel, vidrio, siderurgia, fármacos, pintura y un largo etcétera.

Es incuestionable que dependemos de este recurso natural, y que los avances tecnológicos nos permiten trabajar en unas condiciones, que nada tienen que ver con las de nuestros antepasados. Ahora, en Europa, el personal de una cantera o industria extractiva, lo forman hombres y mujeres con conocimientos y profesiones diversas. Pero tan imprescindible como la calidad laboral o la piedra, es cuidar la naturaleza, por ésta razón no se puede dejar una cantera abandonada. Y restaurar el espacio natural afectado, supone un deber y una obligación. Así, parte de la tierra arrancada, se utiliza para plantar árboles, y de esta manera, se cambia el paisaje, pero se construyen espacios que en un futuro albergarán, de nuevo, la vida animal y vegetal.

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